El Instituto de Ciencia y Tecnología del Distrito Federal (ICyTDF) dio a conocer, el mes anterior, el número de becas que otorgó en este año. El número de apoyos es relativamente pequeño (menos de un centenar), pero dos aspectos son de notar. Por un lado, su lugar en la entidad y en el programa de trabajo del instituto. Por otro, el referente, la similitud y diferencias con el esquema de becas de Conacyt.
En el movimiento descentralizador de las actividades científicas y tecnológicas que se registra en el país desde hace por lo menos tres décadas, las entidades federativas han creado poco a poco sus propios organismos responsables del sector. El DF, desde el final de la década anterior contaba con el proyecto y, de hecho, expidió la ley correspondiente en el año 2000, en tiempos de la administración de Rosario Robles Berlanga (Gaceta Oficial del Distrito Federal 20.03.2000), pero faltaba la integración de algunas instancias y, especialmente, el presupuesto para que funcionara el instituto. La ley fue reformada en el 2003 y en el 2006, aunque el organismo simplemente no marchaba.
La ley del ICyTDF prevé, en su capítulo de instrumentos de apoyo a las actividades científicas y tecnológicas, y a diferencia de la normatividad de otras entidades, el otorgamiento de becas para estudios de posgrado a nivel nacional y en el extranjero (artículo 32 fracción VII).
El programa sectorial del gobierno local para el periodo 2007-2012 no señala ninguna iniciativa para el otorgamiento de becas o el apoyo a la formación de recursos humanos en la entidad, salvo quizás en el caso de difusión de la actividad científica y tecnológica. No obstante, desde el año pasado ejerció la facultad que le confiere la ley y emitió la convocatoria para un programa de becas, tanto para estudios de posgrado como para estancias posdoctorales, a nivel nacional o en el extranjero.
En este año el número de beneficiarios del ICyTDF sumaron 70. Según los datos más recientes de Conacyt, los cuales se refieren a 2006, a nivel nacional había poco más 17 mil becarios nacionales, de ellos 7,340 eran del DF. Esto es un poco menos de la mitad. Las cifras de Conacyt señalan que las becas al extranjero suman poco más de 2 mil, pero no especifica la participación relativa del DF, aunque seguramente la proporción es mayor o por lo menos similar a la anterior. En total, poco más de 20 mil becarios.
Si solamente se consideran las nuevas becas que otorga Conacyt, la cifra para el mismo año de referencia es de 8,836 becarios. La participación de los becarios del DF en ese año fue de 3,846. Es decir, el 43 por ciento de las nuevas becas; una proporción más o menos equivalente al total de becas.
Además, en la convocatoria se indicó que la institución receptora de los potenciales becarios debía ser de alta calidad. No está especificado pero como se colige del reglamento correspondiente, se refiere a aquellos posgrados incluidos en el Padrón Nacional de Posgrado (PNP) de Conacyt y principalmente los de competencia internacional. Esto es, al parecer con sus fallas y aciertos, el PNP también es un referente para un organismo como el ICyTDF.
Es un aspecto importante porque el aspirante a becario del DF estará en la disyuntiva de si acude a Conacyt o al ICyTDF. El asunto es que frente a los cambios recientes en las becas de Conacyt de un mayor apoyo a los aceptados en programas de competencia internacional (“la asignación según San Mateo”), como lo señalamos aquí la semana anterior, no es difícil señalar la mala nueva para los que aplicaron localmente ni adivinar a dónde se dirigirán en el futuro los solicitantes. Especialmente porque el tabulador de las becas del ICyTDF conservó los montos anteriormente vigentes del organismo federal.
No obstante, dadas las restricciones presupuestales que se avecinan y la reducción paulatina de apoyos de Conacyt para becarios y estancias al extranjero, tal vez ahí se concentrará el apoyo del gobierno local (¿o ya ocurrió?)
Seguramente en los próximos años será necesaria una mayor coordinación entre federación y estados, en este campo como en muchos otros.
Publicado en Campus Milenio No. 334. Agosto 27, 2009